En estos días en que la producción en serie lo ocupa todo, es gratificante encontrarse con la artesanía en hierro de esta empresa familiar. Deferro es tan, tan familiar que la componen solamente Inma y Ximo que comparten dos hijos y los quebraderos de cabeza de intentar vivir de su propio trabajo autogestionado desde el principio al final.

Comprobar el cuidado y la responsabilidad que ponen en cada paso demuestra que estamos ante una gente y una empresa extraordinarias.

Ximo en su forja actualiza un saber hacer de siglos con una búsqueda de belleza llena de sentido, el reciclaje, la utilización máxima del material y una mirada atenta a lo que la gente es y necesita.

Ximo tiene un físico de herrero, y si los herreros deben ser ágiles de pensamiento, nada tópicos, divertidos, generosos y trabajadores, también tiene un carácter de herrero.

Así le salen las piezas. Técnicamente bien resueltas, siempre bellas, trabajadas, sentidas. Cuando conviene son prácticas y, a menudo, tienen un punto poco convencional y sorprendente que hace brotar un oooh! y una sonrisa en los labios.

Pero este trabajo bien hecho y sostenible de diseño en hierro no trascendería sin la labor complementaria de Inma. Ella hace las fotos, mantiene y difunde la página web, busca conectar con quienes pueden valorar el producto artesano, organiza los pedidos, lleva la economía.

Como les importa lo que pasa a su alrededor, sólo trabajan con la banca ética. Como ambos están decididos a mantener un trabajo a escala humana saben que no se harán ricos. Como defienden siempre la dignidad de y en su actividad no se explotan a sí mismos y siempre encuentran tiempo y espacio para la familia y los amigos.

Deferro es, por todo ello, una excelente empresa, es la realidad que Inma y Ximo han construido, el resultado de sus esfuerzos y de su confianza en los propios recursos, en su oficio, en la idea de que en esta sociedad hay un lugar para su hierro forjado.

Quienes los conocemos confiamos en esta pareja que procura aportar algo bueno a cada rincón de su vida.

Ramón Cardona y Marisa Saavedra